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El poder de la atención

Seguro que alguna vez han oído la expresión “la mejor bofetada es la que no se da” o esa otra que dice “del amor al odio hay un paso“. Es curioso pero cuando nos vamos al refranero popular muchas de las expresiones, que no todas, dicen verdades tan rotundas que en la mayoría de los casos no nos paramos a pensar en ellas porque las damos por sentado sin haber hecho un previo razonamiento.
Según El Kybalion (clic aquí para más información) y su principio de polaridad debemos entender que un término, como el amor, y su contrario, el odio, forman parte de la misma cosa. Son dos puntas de una sola cuerda que se tocan en sus extremos. Entonces, ¿el amor y el odio son lo mismo? Pues sí, así es. Solo difiere en grado entre positivo y negativo.

Según este principio y aplicándolo a la atención nos damos cuenta de que tanto la atención negativa como la positiva es la que conforma nuestro mundo. Pongamos como ejemplo a la famosa estrella Justin Bieber. Crea mucha controversia, como otros muchos famosos. Y son famosos precisamente por eso. Se habla de ellos constantemente en los medios y a ellos no les importa que se hable bien o mal. Si en algún momento ven que un famoso sale enfadado en la televisión (aunque les recomiendo que la apaguen de por vida) por lo que se ha dicho de el es otra manipulación para retomar la atención sobre él. No importa que les adoren o les odien. El hecho de que tengan la atención sobre ellos, sea positiva o negativa, les da dinero. El cómo funciona no acabo de entenderlo, pero así es. Fíjense en cualquier cosa que tenga una mayoría de enfoque negativo y verán que funciona así.

En el fútbol escojan a dos equipos que hayan sido siempre rivales. Ambos tienen gente que los apoya y otra gente que no puede ni verlos. La suma de toda esa gente es la grandeza de la atención que se le pone a esa idea. Es por eso que hay muy buenos músicos (por ejemplo, ya que hablábamos de música) y no llegan a nada: porque no se les pone la atención necesaria, y viceversa.

¿Y por qué pasa esto? Pues porque nos manipulan para que prestemos atención a un tipo determinado de cosas. Los medios de comunicación junto con los políticos funcionan de la misma manera que un mago: usted mira a mi mano derecha y con la izquierda le hago el truco… o le robo. Sencillo pero eficaz, ¿no es cierto? Es mejor que escuchemos música que no estimule nuestras inquietudes culturales. Véase, por ejemplo, el incesante reggaeton. Incita a una serie de actos que bloquean la mente como son la fiesta, el alcohol, el sexo… si usted está ocupado con todo eso es que no está ocupado pensando y reflexionando, con lo cual será más fácil aprovecharse de su persona.

Es importante que entiendan que si algo no les gusta no deben perder su tiempo enfocándole energía negativa. Primero porque todo lo que usted desea a otra persona se le es devuelto (Karma). Y segundo, porque si de verdad no quiere que una cosa, de cualquier tipo, tenga cabida en nuestro mundo, lo mejor es ignorarla.

Lo mejor es ocuparse de aquellas cosas a las que amamos y valen la pena ser atendidas: nuestra familia, nuestros amigos, el prójimo… seguro que a usted se le ocurren muchas más. Dedicarle el tiempo a esas otras cosas materiales e insignificantes que no lo merecen debe ser un indicador para usted de que su valiosa atención merece ser enfocada hacia otro punto donde, seguramente, sea bienvenida.

V.

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Etiquetas

No me suele gustar hablar de estos temas porque me parecen muy elementales y creo que la mayoría de los seres humanos ya deberían haber resuelto esté cliché en sus vidas. Aún así, creo que es bueno hablar estas cosas aunque se den por sentado porque a alguien quizá le haga pensar y dirigirse al camino de su propia evolución. Creo que cualquier cosa puede ser buena para este fin.

No en pocas ocasiones me sorprendo con el comportamiento de algunas personas que lidian con términos que pueden encajar en una conversación de adolescentes pero que en otros contextos me hacen pensar: “de acuerdo, hay que bajar el nivel de conversación” y es algo que no me gusta hacer, si soy sincero. Me gusta tanto enseñar lo que sé como aprender de lo que sepan otras personas, por tonto que a ellos les parezca y enriquecernos ambos el uno del otro. ¿A qué términos te refieres entonces, L? Les voy a explicar.
Puedo entender perfectamente que se use un modo de identificación que puede ser más o menos agradable para referirse a una persona: la gorda, el negro, la hippie, el rockero, y millones más. El uso de esto es comprensible. Hace cómodo y rápido el reconocimiento de alguien sin la necesidad de señalarle. Lo que no entiendo son las discusiones sobre qué grado de hippie tiene una persona, o cuanto de motero es un hombre al que le gustan las motos… y ya no solo con personas. Con música, literatura, cine y un largo etcétera. El hecho de poner todas estas etiquetas lo único que hace es separarnos, o que no nos interesemos en otros estilos de música, por ejemplo, por estar etiquetado como “tal cosa”.

En este momento es cuando el aludido piensa: “Bueno, eso a mi no me toca… yo escucho de todo”. Con “Los Aludidos”, vamos a llamarles, uno va a tomar algo y tiene conversaciones del tipo: “¿Por qué esa chica tan presumida es hippie?” Y cuando alguien como yo, que le da absolutamente igual lo que haga alguien con su vida y más aún si se trata de una forma de vestir, responde: “Que haga lo que quiera…” automáticamente se convierte en enemigo público y aquí es donde quería llegar: “aquella gente que presume de mente abierta suelen ser las que más juzgan”. En otras palabras: “Dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”.

Entonces, ¿qué es lo correcto? debería haber sido la pregunta desde el principio, aunque para conocer la solución hay que conocer el problema. Pues la respuesta es bastante sencilla: nada. Haciendo nada estamos transigiendo y dejando que las personas sean como quieran ser porque no solo con la palabra directa o indirecta les afectamos, sino con el pensamiento también. Somos lo que pensamos, y si esto lo han dicho multitud de sabios a lo largo de la historia no creo que sea en vano. Entonces dejemos que esos sentimientos de crítica, desigualdad, separación, prejuicio, y en ocasiones, de envidia se evaporen de nuestra mente dejándonos apartar esta carcasa que llevamos encima llamada cuerpo y dejarnos ver mucho más allá.

Debemos dejar de cuestionarnos o cuestionar al resto sobre lo que hacen los demás. Recordemos que el ser humano es bueno por naturaleza. No tratemos mal a nuestros semejantes, pues son igual de buenos que nosotros.
V.

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El Dhammapada

Esta escritura sagrada budista forma parte del Canon Pali y está escrita en verso. Yo he tenido la oportunidad de leerme la edición de Javier Ruiz Calderón, muy escueta y yendo al grano, aunque creo que el Dhammapada es merecedor de una investigación más profunda.

Trata de explicarnos que esta vida es un sufrimiento y debido a que nos reencarnamos una y otra vez resulta complicado escapar, pero que hay una forma, y es abandonando todo placer. Lo que nos quiere explicar es que la supresión del placer es la supresión del dolor. Tiene sentido, ¿verdad?. Según Siddharta Gautama, Buddha, la única forma de llegar al Nibbana es deshaciéndonos de todos los apegos terrenales.

En mi opinión esta vida no es tan mala, o quizá no he vivido las suficientes vidas como para no querer volver. En muchas culturas y religiones se hace alusión a entes superiores a nosotros, como ángeles o seres espirituales, que nos envidian de una forma sana (aunque hay otras entidades que lo hacen de una forma no tan sana) porque podemos disfrutar de cosas que ellos no pueden. Trato de seguir las enseñanzas que ahí se explican porque las considero nobles, sabias y me encuentro bien haciéndolo y estando de acuerdo con ellas, aunque otras como la de deshacerse de todo y convertirse en un vagabundo al que no le importe pasar hambre y mendigar, sencillamente, no las quiero llevar a cabo por lo dicho antes, porque me gusta esta vida. Respeto y comparto el punto de vista del budismo, pero no quiero llevar a cabo ese extremismo porque creo que ese no es mi camino. Ser fanático creo que nunca le hizo bien a nadie. De todas maneras, por mi parte, me lo tomo de una forma deportiva y trato de seguir las enseñanzas y las aplico en el día a día y, lo admito: los resultados son mejores de lo que esperas en un principio. Si alguien le trata mal y usted, en vez de entrar en ese círculo de odio, le trata con respeto y amabilidad las cosas acaban de forma muy distinta. No hay que excusarse con el tópico de “eso no lo hace nadie” o con el de “eso es muy bonito en la teoría”.

Recomiendo su lectura y práctica a todo aquel que tenga como propósito crecer como persona. Cualquiera pensando que es un libro de filosofía budista pensaría que es un libro denso y espeso, pero no tiene nada que ver. Es muy ameno y al estar en verso no requiere un ritmo de lectura determinado. El librito le hará ver que tenemos aún muchos retos por resolver dentro de nosotros.

Dejaré unas de las citas que más me han gustado, que han sido muchas más de las que aquí pondré, y aplico a mi vida diaria:

“Llamo brahmana a quien es tolerante con los intolerantes, pacífico con los violentos y generoso con los avaros”.

“Ni la acción realizada con descuido, ni un voto realizado por temor, ni la disciplina cumplida con pereza obtienen recompensa”.

“Todo lo que somos es el resultado de lo que hemos pensado. Se funda en nuestros pensamientos y está hecho de nuestros pensamientos. A quien habla o actúa con buenos pensamientos lo sigue la felicidad como una sombra que nunca lo abandona”.

“<<Me insultó, me golpeó, me venció, me robó>>: en quienes alberguen pensamientos como éstos nunca cesará el odio”.

“La pasión entra en la mente mal entrenada igual que el agua entra en una casa mal techada”.

“Aunque un necio se relacione con un sabio durante toda su vida, entenderá la verdad tan poco como la cuchara percibe el sabor de la sopa; pero cuando una persona inteligente se relaciona, aún brevemente, con un sabio, pronto entiende la verdad, igual que la lengua  percibe el sabor de la sopa”.

V.

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